De repente oí un suave carraspeo detrás de mi. Era un caos, la oficina era un caos de poca gente, pero hablando continuamente por teléfono, impresoras y ruidos de conversaciones. Una vez el jefe me había dado carta blanca, tocaba convencer a los comerciales más reticentes, así que me encaminé hacia la mesa de Juan. Dejó claro que cuando tocaba asistir a una convención los horarios se los pasaba por… y que teníamos que estar online para atender a las demandas de los comerciales o suyas las 24 horas del día. La incorporación al trabajo fue sencilla, más que nada conocer el catálogo de productos y las listas de precios para no confundirme y enviar una cosa por otra. No llevaba chaqueta y venía algo acelerado. |