Unos disparos sonaron. ¡cuando quieras! – decia Trinchera poco después de que explotase la granada, confundiendo a los guardias. Pero lo que más le extasiaba era el olor de Enrique, aspiraba el aroma del cuerpo de su amante. Cuando estaba totalmente dentro de ella, empezó a bombearla despacio, mirando los ojos de su hermana, unos ojos llenos de éxtasis. Ingrid gritó de nuevo, pero esta vez del susto, Enrique casi se le para el sistema circulatorio cuando vió a Trinchera, pero luego lo abrazó diciendo. Solo había silencio. |