¿Te quieres correr? – dijo mientras cesaba de mover sus dedos. Después de ponerle el pijama, me dirigí al salón, había preparado un tapeo para nosotros y la cena de nuestra hija, sentí remordimientos por lo que estaba haciendo con él y estuve a punto de decirle que dejásemos nuestro plan, pensaba que era una auténtica zorra y que mi marido no se merecía mi actitud. Después de quedarme relajada me puse un albornoz y me fui a despertar a mi hija, le di la merienda y estuve jugando un rato con ella, yo me sentía contenta y parecía que ella lo notaba pues no paraba de reír conmigo. Por favor, saca la mano, estoy junto a mi casa – le pedí. Acerqué mi boca y con la punta de la lengua comencé a darle pequeños toques desde el glande a los testículos, mi marido gemía y se retorcía, de pronto, levantó las caderas violentamente, sabía que el momento había llegado y me metí su miembro en la boca, estaba ardiendo y se contraía con fuerza, le arañé suavemente el escroto y, con un grito, se descargó en mi boca, noté su semen caliente y muy liquido, lo retuve en la boca hasta que noté que su polla se calmaba e iba poniéndose más pequeña. ¿No te ha gustado? –respondí. |