Sus piernas, totalmente abiertas estaban atadas a las patas de la cama y dejaban su coño abierto a cualquiera mientras que sus brazos quedaban uno a cada lado. Tenía un plan para el día de hoy y para ello era fundamental no dejarla correrse hasta dentro de un largo rato. A ratos le metía un dedo en el coño y comenzaba a masturbarla hasta que notaba que se estaba poniendo demasiado caliente y entonces paraba. Aunque me la mamaba de vez en cuando, nunca me dejó correrme en su boca. Una vez la llame zorra mientras follábamos y se paró para darme una bofetada. Ana comenzó a hacer lo que le decía, con dificultades pues no estaba acostumbrada a llevar tacones, y menos tan altos. |