Misato se colocaba las bragas, bajaba la falda y cerraba su blusa intentando quedar lo más decente posible. Sus ojos relucían como rubís en llamas en aquella oscura noche. Eh. Ella jadeaba y se inclinó más intentando recuperar el aliento después del intenso beso que la dejó sin aire. Esta obedeció y enseguida le dio la espalda apoyando sus manos en la pared del ascensor. El segundo en el lado este, era el más amplio y ocupaba de largo lo mismo que el lado de la casa limitado por un muro con enredadera había un pequeño lago típico japonés y unos bancos de madera roja largos para sentarse. |