Lo que. Fueron segundos quizás, pero a mi me pareció mucho tiempo, pero pronto mis pechos eran de ese otro hombre, que me los besaba mientras sus manos vagaban por la parte de mi cuerpo libre del cuerpo del otro que me penetraba, una oleada de excitación me recorrió, me espantaba lo que me hacían pero ya no protestaba, pronto mi boca era ocupada por la verga de este último huésped, y ahí me encontraba, en esa recámara de mi casa, con un hombre penetrando mi intimidad y otro mi boca. Empezó a comprarme ropa mas corta y lencería mas pequeña, al ver que lo aceptaba se hizo mas atrevido al grado de comprarme minis ceñidas que no me gustaron y pequeños hilos dentales que me hicieron sentir incómoda al principio. Como no era ya una joven le dije que mi ropa no podía ser la de una jovencita que dejara que yo escogiera lo que mejor me quedara, al final llegamos a un acuerdo, yo escogería mi ropa y el la lencería, eso hizo que se inclinara por tangas y por hilos dentales. Ya en la sala de nuevo me volví a sentar y me dió el talón de cobro, me miraba fijamente las piernas que yo disimuladamente abría un poco dejandole ver un poco, era fácil que lograra ver mis braguitas, y se revolvía inquieto, me pidió un poco de agua lo que fui a buscar y el a observarme, cuando se la dí de nuevo me senté y el me ofreció sus catálogos de venta para que me distrjera un poco, mientras hojeaba estas el aprovechó para mirar mas, un cosquilleo se apoderaba de mí, de nervios, de excitación, de morbo, no sé pero muchas cosas pasaron por mi mente, pensaba que se atrevería a decirme algo pero no sucedió. No, por ahí no, por favor, me tenían entre los dos y no me dejaban moverme. |