Desde nuestro encuentro inicial, hubo un aspecto que de forma tácita quedó claro tanto para Helena como para mí: nuestras fortalezas se hallaban en polos opuestos. Fue una noche de emociones que, estando sólo con una pareja, no se pueden llegar a sentir Marqués. En un primer instante sentí algo de miedo, pero de inmediato intuí que en el fondo era lo que quería y esperaba, sexo duro y para nada contemplativo. El interés de Alberto en estos quedó claro desde un comienzo, y las miradas esporádicas de ocho a nueve y media pasaron a descarados exámenes de once de la noche en adelante. De inmediato supe lo que pensaba, ya me había sucedido con anterioridad, la mezcla de excitación y celos se podía notar en su mirada. — ¿Querías güevo putica? —, me preguntó. |