Me encantas. Si, me desvestiste, con cierta prisa y yo te dejé hacer y, sentado en la orilla de la cama, casi muero cuando volviste a agarrar mi verga, y con suavidad, comenzaste a pasar tu mano por todo su extensión. Te observaré largamente y sostendrás mi mirada. Te hice mía sin contemplaciones y estallé en ti. En el ascensor meterás la mano dentro del pantalón y acariciarás mi glande, apenas con la yema del pulgar, mientras subes tu falda mostrándome los muslos, carnosos y delicados. Mi lengua recorrió todo tu sexo recogiendo los fluidos derramados y luego me deslicé lentamente hacia arriba, tocando tu cuerpo, entreteniéndome en tus pechos, besando tu cuello y tus hombros, tus orejas y tus ojos, con la intención de distraerte de lo que venía, mientras acomodaba mi verga en la entrada de tu sexo. |