Entonces me tomaba mi tiempo y rebuscaba entre las impresiones las mías mientras hacía que no les miraba, pero lo cierto es que lo que hacía era darles tiempo a que se excitaran más con la vista. Yo seguí con mis copias en un tenso silencio por parte del resto de la oficina, y ya iba a desfilar hacia mi puesto cuando Juan salió del baño. En el trabajo era eficiente y realmente les implanté un orden, pero a la vez era un entorno de excitación constante. Alguna vez desabrochaba algún botón de más, pero normalmente no me hacía falta. Me apartaba el pelo de la cara sólo para darles mejor vista de mis pechos al hacerlo o de obligar a la tela de la blusa a estirarse más, a apretarse más sobre mi cuerpo. excitar a los hombres, el saberme deseada, el saberme el sueño de sus pajas o de los polvos con sus mujeres. |