Moría por abrazarla, pero ninguna se movió. Rato después, tirada en el suelo mientras me recuperaba, el estar separada de Melina me produjo una extraña sensación de vacío. Entonces se tocaron los labios, muy suavemente, luego un poco más y luego fue el turno de trabarnos en un tímido duelo de lenguas, para terminar, quien sabe cuando, chupándonos boca a boca con desesperada furia, hasta que acabamos por ir al suelo donde nos revolcamos salvajemente, mordiendo, besando, tironeando y acariciando. Lentamente, fuimos una contra otra, hasta quedar pegadas como ventosas, apretándonos las tetas como para reventarlas. Mi piel es más oscura que el de ella y tengo el pelo negro, pero de físico éramos muy parejas. Se me pasó por la cabeza que me quería violar. |