En algunos pasajes de mi vida usé una que otra pantaletita más pequeña, ya sea por que mi esposo se atrevía a comprármelas y yo lo complacía en usarlas o por que me animaba, pero nada mas hasta ahí. No, por ahí no, por favor, me tenían entre los dos y no me dejaban moverme. Yo no respondía, no quería aceptar la verdad, el insistía, dime chiquita, te gustó que te viera las piernas, que mas le enseñaste, dime si te vió este pequeño triangulito. No, déjenme, salgan de aquí, mientras me revolvía y veía como este otro hombre se desnudaba, un grueso miembro apareció entre sus piernas, y mi vista no se pudo apartar de el. Me incorporé y me fui al baño a asearme, estaba satisfecha pero a la vez pensaba que era una locura lo que había pasado, me había dejado poseer por dos hombres y mi cuerpo solo se había excitado y lo había disfrutado. La máscara de mi entorpecido placer cayó ante esas preguntas cuando sentí la presencia de alguien mas, mi cara fue de asombro y espanto, ante nosotros otro hombre nos miraba con ojos lujuriosos mientras su mano se acariciaban sus partes, mi impulso fue empujarlo pero el notándolo me agarró de las dos manos por encima de mi cabeza mientras me decía, tranquila perrita, solo te haremos gozar como lo estas pidiendo. |