Trinchera llevaba quince y todavía disfrutaba desafiando imposibles. El cura seguía el rito y dijo. En esta vida infernalLa cual la vida esta fatalLugar de perdiciónLleno de desesperaciónCamino sin destinoSin deseo y sin vidaCogí mi pistolaPreparando mi destino(redoble de batería)¡pero llegaste tu!¡pero llegaste tu!Luz que eclipsa incluso el soooool¡pero llegaste tu!¡Pero llegaste tu!Que llenas de esperanza mi corazooooon. Pero la penetró suavemente, parando si Ingrid sufría algún dolor. Unos disparos sonaron. ¿Trinchera? – preguntó Enrique. |