Cuántas madrugadas en vela, David, invisibles para los demás, silenciosos para no ser oídos, creyéndonos únicos en el mundo, imaginando como eras tú y sospechando al tiempo como era yo para ti… formando parte el uno del otro, no solo en un encuentro carnal. Contigo David, todo ha sido tan fácil, tan intenso y tan adorable, como cada una de tus caricias, que me mostrabas con tus dedos a través de tu teclado y que yo reconvertía con mis propios dedos… como si estos fueran los tuyos sobre mi piel. Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes. Me fui dispuesta a la cita, sí… pero antes de cruzar la puerta de aquel café, las dudas me invadieron, todos los miedos me acecharon, aterrada de ver que nuestros sueños pudieran desmoronarse como un castillo de naipes, que de una vez por todas se alejaran nuestros sueños anhelados, todas esas dulces sensaciones. Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes. Nunca antes me he sentido tan excitada, tan nerviosa, tan caliente por unas palabras descritas con esa fuerza y esa sensibilidad que desbordabas en cada una de tus conversaciones que me dejaban extasiada sobre la cama en cada noche. |