Monstruo. Habitamos su mundo y lo infestamos de porquería. Una Diosa que gritaba y gemía por primera vez…Otra vez de frente, ella sonriéndome confidente, mirándome con sorpresa y con nerviosismo, tocándome el pecho como seguramente veía en las películas, tocándome la cara y el cabello (ese roce que me encantaba, que me hacía volar), y después, otro beso, más maduro, más adulto pero igualmente limpio, y más caricias mías. Sus ojos me veían con susto, sonreí y ella también lo hizo tímidamente. Mi otra mano bajó. Pero eso era para después. |