El frío se apoderó de mi cuerpo y empecé a titiritar. Ya no miraba tanto a Hugo sino a mi cuerpo. Sara se paseó alrededor de mi, pellizcando mis nalgas, metiéndome un dedo en el ano e incluso golpeando mis muslos. De pronto me dio un empujón que hizo que cayera al suelo. No te permití que chuparas mi dedo – me gritóPerdón Sara – contestéCuando me hables me llamarás Ama – me dijo dándome una cachetada ¿entendiste?Sí – me limité a contestarSí, qué – me preguntó dándome otra cachetadaSí, ama – contesté sumisamente. Me senté junto a ellos. |