Solo una cosa tenía clara, Q sería el maestro de ceremonias, el impondría las normas y mi marido y yo las acataríamos… acataríamos…esta palabra me daba escalofríos, implicaba sumisión, abandono, obediencia y esto me ponía caliente… muy caliente. Cuando la niña cenó él la llevó a la cuna, al regresar yo estaba medio tendida en el sofá y debía tener una excelente panorámica de mis muslos y bragas, le sorprendí mirándome fijamente la entrepierna, no varié mi postura y le sonreí…¿Te gusta el panorama? – le pregunté. Todo el tiempo que seas capaz de retenerme – le dije con coquetería. Víctor me subió las bragas como pudo y se levantó, con su dedo índice levantó mi barbilla y aspiré el inconfundible olor de mi sexo, su mano estaba brillante de mis jugos. Mi hermana llevó la conversación hacia el sexo, yo sabía que estaba mosqueada con mi actitud y quería saber lo que pasaba, pero yo creía que aún no había llegado el momento de decirle nada. Me ha sido imposible ir no tenía con quien dejar a la niña – respondí mientras me preguntaba que por qué le daba explicacionesSe agachó junto al cochecito y empezó a hacerle carantoñas a la niña…¿Así que tú eres la que no ha dejado que mamá viniera a jugar conmigo? –La niña se rió y empezó a manotear, de pronto sentí que una mano acariciaba mis muslos y me buscaba el coño. |