Había lanzado una impresión en color de unas transparencias para Don José e iba con documentos para copiar. Entonces iniciaba las fotocopias, mientras hacía como que esperaba durante las pausas de la máquina. Saludaba a todos con una sonrisa mientras les veía acariciarme con la mirada. Mis visitas a la copiadora eran esperadas y admiradas por mis compañeros, y me acostumbré a dirigir mi mirada a los bultos de sus pantalones para excitarme con sus reacciones. Su agresividad conmigo había desaparecido y ahora era mi corderito. Salí del baño ocultando los sostenes y con el pecho más marcado en la blusa que de costumbre, mis aureolas rosaditas se transparentaban totalmente. |