Y efectivamente merició la pena. Sin darme cuenta noté como ella me cogió la mano de nuevo y me la acercó un poco a su coño. Pero en un instante el corazón me dio un vuelco, justo en el momento que sonó el timbre. Cuando iba a entrar al probador me indicó que la esperase con Luisa, pero su hija insitió en ir con ella así que para no dejarme sólo fuera supongo que me dijo que pasara con las dos y esperase en el pasillo. Le subí la camiseta y le vi el sujetador tocándole las tetas encima de él, me estaba poniendo como una moto por momentos. Sin resistirme más me levanté y ni corto ni perezoso me bajé las bermudas y los calzoncillos, dejándo al áire mi querida y dura alcallata. |