Mira esas caderas, que bien se marcan sobre el vestido. Pasó su pulgar por mis labios y le sonreí a modo de contestación. Separaron mis piernas despacio, como recreándose en la visión de mis muslos abriéndose para ellos. Escuchaba las respiraciones de los demás hombres a mi alrededor, pajeandose sobre mi y yo esperando ansiosa sus corridas. Así pude dejar mis manos libres para masturbar a dos hombres mientras un tercero se colocaba frente a mi para meter su polla en mi boca. No se cuanto tiempo tardamos en llegar al lugar donde me llevaba. |