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VACACIONES CON ALFONSO EN IBIZA Lo más atrevido fue cuando dos de ellos la cogieron en brazos para que le hiciese una foto con las piernas abiertas, y el otro, sin dudarlo se puso de rodillas debajo de ella y empezó a lamerle el coño

 

 

María es de estatura mediana, pelo castaño, piel morena, buen tipo, tetas no muy grandes, pero bien colocadas y lo mejor, muy atrevida, tanto que siempre me sorprende y me hace pasar más de un apuro. Para tomar el sol nunca usa la parte de arriba del bikini. Para ella lo normal es llevar las tetas al aire. Recuerdo cuando la conocí, siendo muy jóvenes, la sorpresa que me llevé la primera vez que fuimos a la playa en cuadrilla y ella se pasó todo el día en topless. Los chicos alucinábamos con ella y la naturalidad con la que se acercaba sin importarle que por descuido o intencionadamente rozásemos sus pechos.

Esta aventura nos sucedió hace algunos años. Entonces María y yo, Santi, teníamos 25 años y llevábamos desde los 18 de novios. Aquel verano, Alfonso, un buen amigo, se fue a trabajar a Ibiza. Le habían contratado de camarero en una discoteca y, como había alquilado un apartamento, nos invitó a que pasásemos con él un par de semanas de vacaciones. El plan era tan tentador que, por supuesto, aceptamos encantados. La vivienda tenía un dormitorio con una cama grande, que amablemente Alfonso nos cedió para que durmiésemos María y yo. En el salón había un sofá que se convertía en cama, donde dormía mi amigo mientras estuvimos allí. También tenía un baño, cocina y una terraza fantástica a la que se entraba desde la cocina y el salón. Era la segunda planta de un edificio de tres pisos con forma escalonada, de manera que desde las terrazas de arriba y las de los lados se podía ver la nuestra.

Alfonso trabajaba de noche y dormía hasta la hora de comer. Por la mañana mi chica tomaba el sol en la terraza, por supuesto en topless, para deleite de los vecinos. El del piso de arriba, Tomás, un hombre de cuarenta y tantos años que pasaba el verano con su mujer, se asomaba a mirar con total descaro en cuanto María se ponía a tomar el sol. A ella no le importaba e incluso charlaba con él, llegando a tener mucha confianza. Cuando se levantaba Alfonso comíamos los tres juntos y por la tarde íbamos a la playa. María se bañaba y tomaba el sol también en topless delante de nuestro amigo que, aunque ya la había visto muchas veces las tetas, también la echaba más de una miradita. Además, siempre llevaba encima su cámara digital y aprovechaba cualquier ocasión para sacarle fotos sin que a ella le importase.

Llevábamos varios días allí y aquella mañana ella se levantó confiada, sin molestarse en vestirse para andar por casa. Como Alfonso no se había levantado ningún día antes de la hora de comer, María salió totalmente desnuda. Estaba muy atractiva y yo me ponía a cien viéndola, aunque también me preocupaba que Alfonso se levantase y la pillase así. No se vistió para desayunar y cuando terminó me dijo que iba a tomar el sol a la terraza. Al ver que iba a salir desnuda me sorprendí y le pregunté si no se iba a poner nada. –“Es que quiero aprovechar para ponerme morena sin marcas”, explicó. -“Te van a ver los vecinos”. -“Y qué que me vean los vecinos. En Ibiza ya estarán acostumbrados a ver chicas desnudas, no creo que se asusten”. –“¿Y si se levanta Alfonso y te ve así?”. –“Eso es casi imposible con lo tarde que vuelve, ya me pondré algo antes de que se levante”.

Con toda la naturalidad del mundo salió a la terraza con las tetas y el coño al aire. Eché un vistazo y vi que solo había dos vecinos en sus terrazas, en una de las de al lado y otro de los de arriba, pero los dos pusieron cara de asombro cuando vieron a mi chica totalmente desnuda. Ella puso la toalla sobre una hamaca y se sentó. Cogió el bote de crema y la repartió por su cuerpo. Yo me puse a cien viéndola frotarse las tetas, pero más excitante fue cuando se tumbó y le tocó el turno de masaje al chocho. Tan solo una fina tira de pelillos adornaba su pubis, mientras la vagina totalmente depilada brillaba húmeda. Cuando terminó, los rayos de sol y la crema hacían brillar su piel, uniformemente morena. Tan solo alrededor del coño el bronceado era algo más débil, mostrando la marca del pequeño tanga que usaba cuando no tomaba el sol desnuda.

Entonces se asomó Tomás y, por la cara de susto que puso, se llevó una gran sorpresa. “¡Coño!” fue lo único que acertó a decir. Ella también parecía algo apurada y su primera reacción fue taparse el coño con las manos. Sin embargo, estaba decidida a tomar el sol desnuda y después de volver a descubrir su sexo, le saludó como si nada pasase, -“hola Tomás, parece que has visto al lobo”. “Perdona, no sabía que estabas desnuda”. Ella sonrió, “es que quiero ponerme morena sin marcas, pero si te molesta me tapo”. Por supuesto, Tomás le contestó que no le importaba y se pasó casi toda la mañana charlando con María mientras ella tomaba el sol con las tetas y el coño al aire.

Mientras, yo fui a la sala para asegurarme de que Alfonso dormía. Al abrir la puerta, vi que tenía la cortina algo abierta. Para evitar que la luz le despertase y pillase a María desnuda, fui a cerrarla. Sin embargo, al moverla, el ruido hizo que nuestro amigo se despertase. Yo le pedí perdón y le dije que lo sentía mucho; que siguiese durmiendo. Me puse muy nervioso. No sé si se dio cuenta, pero en vez de volverse a dormir, me preguntó a ver qué tal día hacía. Yo no sabía cómo reaccionar, si se asomaba vería a mi novia con el coño al aire. Tartamudeando le dije que hacía un día espléndido y cuando me preguntó por María casi se me para el corazón. Le dije que estaba en la terraza tomando el sol; entonces se incorporó y apartó la cortina para mirar. La cerró rápidamente mientras su cara se enrojecía.
– “Perdona, no sabía que estuviese desnuda”, dijo Alfonso con cara de apuro. –“Ya – añadí yo aún más apurado – es que quiere broncearse sin la marca del bañador ¿no te molestará?” – “No, no, al contrario, pero ¿ya sabéis que los vecinos la pueden ver?” –“Si, pero dice que le da igual” – “Joder, que lanzada, entonces no te importará que yo también mire”. Tanto atrevimiento me sorprendió, pero ¿Qué le iba a decir si mi novia estaba tomando el sol con las tetas y el coño al aire sin importarle que la viese cualquier vecino? –“No, no. disfruta del espectáculo”, le dije mientras él volvía a apartar la cortina para mirar. Allí estaba ella, bronceándose tumbada en la hamaca frente a la ventana con las piernas abiertas mostrando su sexo desnudo y sus brillantes tetas coronadas por los pezones dilatados por el calor. Cuando se acercaba la hora de comer María se levantó para vestirse antes de que nuestro amigo se levantase. Le pregunté si no iba a tomar el sol desnuda delante de Alfonso, pero dijo que delante de otra gente le daba igual, pero Alfonso era un amigo y le daba vergüenza. Para comer se puso un tanga negro y un camisón del mismo color casi transparente. Estaba más sexy que si se hubiese quedado desnuda, y cuando me preguntó si así estaba bien, no pude decirle que no. Durante la comida Alfonso no le quitaba ojo y le dijo lo atractiva que estaba con ese conjunto. Algo apurado nos confesó algo que le había pasado la noche anterior. Se estuvo sacando unas fotos con unos compañeros de trabajo y cuando las estaban viendo, uno de sus amigos descubrió las fotos de María en topless, así que no pudo evitar que las viesen todos. Ella, lejos de molestarse, le dijo que no le importaba que enseñase esas fotos y le hizo un montón de preguntas sobre lo que habían comentado sus amigos viéndolas. Cuanto más atrevido era lo que le contaba Alfonso, más orgullosa se ponía ella y le dijo que, si tanto les habían gustado, que les invitase un día para verla al natural. Por la tarde, nuestro amigo tenía que ir antes a trabajar y no podía venir con nosotros a la playa. Así que cogimos el coche y nos fuimos a conocer alguna cala donde ella pudiese tomar el sol desnuda. María se puso un vestido corto de tirantes y tela muy fina y debajo un pequeño tanga verde fosforito.

No muy lejos encontramos una calita muy bonita, pequeña y recogida. Tenía un pequeño chiringuito que lo atendía una chica en topless, algo que me pareció muy morboso. Solo había un problema, no había nadie en pelotas, pero aún así, a ella le gustó tanto el sitio que decidimos quedarnos allí. Nos instalamos en un lateral donde había más gente joven, cerca de dos chicas que tomaban el sol en topless a las que no dejaban de mirar tres chicos. Sin embargo, cambiaron la vista cuando María se quitó el vestido y la vieron con el brevísimo tanga.

No perdieron detalle cuando se extendió la crema por las piernas, la tripa, las tetas, el culo… Después se tumbó a tomar el sol, pero no quería que le quedase apenas una sombra en el bronceado y se recogió todo lo que pudo el tanga, bajándoselo hasta dejar a la vista parte del pubis y recogiéndoselo en la raja sin importarle mostrar casi por completo los labios del coño. Nuestros vecinos de playa la miraban con descaro y hacían comentarios entre ellos. Entonces ella me dijo que los muchachos no hacían más que mirarla. Yo le pregunté si le molestaba y contestó que no, que le parecía bien. Sin embargo aún no se había quedado a gusto y después de un rato tomando el sol me dijo, “¿qué te parece si me quito esto?”, mientras señalaba al tanga. “A esos chicos no creo que les importe, pero no hay nadie más desnudo en la playa”, le contesté, no sé si más asustado o excitado de que se desnudase delante de todo el mundo, sobre todo de aquellos chicos que no dejaban de mirar. Pero ella no se lo pensó dos veces y se bajó el tanga.

María era la única persona totalmente desnuda en la cala, aunque el ambiente era tolerante y a nadie pareció molestarle. Estaba tan a gusto y despreocupada, que se puso con las piernas totalmente abiertas a tomar el sol, sin importarle que los chicos tuviesen una privilegiada visión de su coño. Mientras ella se bronceaba, yo me di un pequeño paseo y, desde cierta distancia observé como los tres muchachos miraban sin disimulo a mi novia. Lógico, tenían una espectacular visión de su raja sonrosada y brillante y la cavidad de su vagina. Al cabo de un rato uno de ellos sacó una cámara y empezaron a hacerse fotos. Al principio hicieron algunas hacia el chiringuito o el mar, pero poco a poco se fueron poniendo de manera que María quedase al fondo. Lo normal es que tratasen de sacar fotos a mi chica y mis escasas dudas se aclararon cuando se pusieron dos de ellos a posar unos metros por delante de ella mientras el otro sacaba fotos.

Después de un rato tomando el sol, decidimos darnos un baño. Cuando caminábamos hacia el agua, mi chica provocaba miradas de sorpresa y alguno no pudo reprimir gestos de admiración al verla con las tetas y el coño al aire. Estuvimos un rato bañándonos y entre chapuzones y juegos yo aproveché para meterle mano. Al salir del agua me propuso dar un paseo por la orilla para secarnos con el sol. Cuando le recordé que estaba completamente desnuda se rió y me dijo que a ella no le importaba que la viesen y que si a mí me daba vergüenza que ya iba ella sola. Naturalmente la acompañé y pude ver la cara de sorpresa de los que nos cruzábamos. Cuando volvíamos a las toallas, uno de los tres chicos se acercó a nosotros y nos preguntó si podríamos sacarles unas fotos. Yo acepté y entre foto y foto aproveché para mirar las que se habían hecho antes, confirmando mis sospechas. En varias se veía perfectamente detrás de ellos a María en pelotas con el coño abierto e incluso habían hecho alguna con zoom en la que sólo salía ella.

Cuando ya les había hecho varias fotos y les iba a devolver la cámara, uno de ellos, algo nervioso, me preguntó si podrían hacerse una foto con ella. Me pareció demasiado y les debí poner tan mala cara que se disculparon, pero María, con cara de enfado dijo: “eso lo tendré que decidir yo ¿no?, venga, no seas celoso y hazme unas fotos con ellos”. Mi chica se puso entre los tres chicos y yo empecé a hacerles fotos. Sin embargo estaban algo cortados y ella les dijo que se arrimasen un poco y la agarrasen, que no les iba a comer. Entonces uno de ellos la agarró por la cintura y el otro, como era bastante alto, pasó su mano por la espalda y la fue a poner tocándole una teta. Algo apurado la apartó rápidamente, pero ella soltó una carcajada y le volvió a poner la mano sobre su seno. Al verlo, el primero se animó y bajó su mano para tocarle el culo. Ella estaba cada vez más cachonda y dispuesta a todo y sonreía mientras yo sacaba fotos.

Después se cambiaron las posiciones y el tercero aprovechó para tocarla con una mano el culo y con la otra una teta. Ella les dejaba hacer y yo no les decía nada; la verdad es que me parecía una situación extremadamente morbosa mientras no se nos fuese de las manos. Así que se fueron animando y uno de ellos empezó a tocarle el coño. Como ella no le dijo nada, entre los tres se turnaban para tocarle las tetas, el culo, el coño, hasta metiéndole los dedos. Pero lo más atrevido fue cuando dos de ellos la cogieron en brazos para que le hiciese una foto con las piernas abiertas, y el otro, sin dudarlo se puso de rodillas debajo de ella y empezó a lamerle el coño.

Aunque estábamos en una zona discreta de la playa, la gente que tomaba el sol cerca y alguno que se había acercado paseando estaban mirando y eso pudo hacer que no fuesen más allá, porque sino seguro que se la habrían follado allí mismo. Después de la sesión de fotos nos pusimos a tomar el sol con nuestros nuevos amigos, que aprovecharon todas las ocasiones para meter mano a María. Cuando ella se tumbaba a tomar el sol, al momento tenía seis manos dándole crema. Estuvieron jugando a las palas y con cualquier excusa le tocaban el culo o se abrazaban a ella y cuando nos fuimos a bañar había que hacer cola para tocarle las tetas o el coño. Cuando nos marchamos intercambiamos teléfonos y direcciones para quedar otro día y que nos mandasen las fotos.

Ya de vuelta al apartamento le dije que ese día había estado muy lanzada. Ella se sorprendió y dijo que no sabía a qué me refería. Cuando le dije que por tomar el sol desnuda en la terraza y lo que había pasado en la playa se echó a reír y me contestó que si no habíamos ido a Ibiza a divertirnos. Después me preguntó si me había parecido mal y yo le dije que no, que me había excitado mucho y que todo lo que hiciese me parecía bien. Entonces ella se quitó el vestido, me agarró la polla y se la introdujo en el coño para que yo la follase. Y justo antes de que yo me corriera añadió “y los días que quedan de vacaciones voy a ser aún más lanzada”.

Autor: Santi cerolapi (arroba) hotmail.com